El Mundo Paralelo

La ciudad, parecía un pueblo fantasma, donde las casas tenían puertas y ventanas herméticamente cerradas, como si sus habitantes quisieran esconderse de algo o de alguien. Daban la sensación de estar vacías, pero el cuidado en sus jardines, los autos en sus garajes, indicaban lo contrario.
No era linda. Sufría el atraso que sólo las guerras y los regímenes autoritarios pueden dejar de herencia a sus pueblos. Las calles eran de piedra o de tierra, demostrando la pobreza de pensamiento de quienes estaban a cargo de dirigir el destino de la gente que por nacimiento, por trabajo o ironías de la vida, se encontraban allí, asintiendo con el silencio de la conformidad. Cada cuadra era un desfile carnavalesco de aceras multicolores por la extensión del diseño de cada hogar, hasta más allá de sus límites. El cómodo andar se veía interrumpido por obra de constructores ecologistas que también ampliaban los linderos de las viviendas con el fin de proteger los árboles. No importaba si de este sólo quedaba el tronco; el camino era reducido a la mitad.
Hacía mucho calor o mucho frío en la ciudad. Pocas veces el clima daba tregua a los extremos y generalmente si llovía, se iba la luz. Prácticamente todo era a la antigua y sus pobladores se negaban a dar la bienvenida a la novedad, quizás por miedo a perder lo alcanzado, como seguramente ya les habría ocurrido.
- No se pueden tener gallinas en una zona residencial- decía quien nunca vio un corral en la ciudad cosmopolita donde crecieron sus hijos- Pero quien dice algo en este país sin ley, donde todo se puede?- continuaba en su lamento, remembrando sin pausa, tiempos de revolución, que nunca más volverán.
Pobres y ricos vivían en la misma calle. Había casas abusivamente grandes, casi al lado de otras más humildes, como aquella donde vivía por ejemplo, quien prestaba servicio de coquetería a bajo precio. Y es que para secarse el cabello o aplicar un tinte, no hace falta gastar de más.
Los muchos árboles que la adornaban, eran obligados a abrir su tronco en dos, para no interrumpir el paso del cableado eléctrico y aún así no dejaban de engalanar calles y casas, con hermosas flores de variados colores, cual musa inspiradora de cuentos y poemas, aunque no faltarían los que en verdad besaron al ser amado alguna vez, bajo la sombra de un Lapacho.
El tema oficial de reuniones sociales, era la vida ajena. Casi todos se conocían, si no personalmente, al menos por referencias. Muchas damas eran llamadas por apodos; China, Chicha y Chiquita, eran los más comunes y para diferenciarlas, no había ningún problema, pues se acostumbraba el uso de ambos apellidos. Padre y madre juntos, tenían suficientes historias que aportar al cotilleo como Dios manda.
La gran admirada era la ciudad vecina. Los comentarios coincidían en que allá, todo era maravilloso.
- La vida cultural, la arquitectura, la gastronomía, es otra cosa- decían los pocos, por no decir ninguno, de aquellos que no hacía el menor intento por imitarla. Era más fácil viajar 20 horas en autobús para disfrutarla.
Mientras en otros países el traje típico era un disfraz, en la ciudad era moda. Las camisas de particular bordado eran usadas igualmente por viejos, jóvenes y cajeras de supermercado. Lo mismo pasaba con la comida. Almidonados bocados compartían el éxito obtenido por el pan relleno con carne y ensalada de allende los mares.
Al encender la radio o al sentarse en algún café, la música que se escuchaba solía ser Radio Ga Ga de Queen, “Like a Virgin de Madonna, Karma Kameleon de Cultur Club... Parece que las listas del Hit Parade o Billboard, fueron enviadas sobre el lomo de una tortuga que tardó más de veinte años en llegar.
Carretas tiradas por caballos recorrían las calles en una especie de negocio ambulante. Su polifacético chofer, se dedicaba al transporte, al trueque, a la compra, a la venta y al robo, según se presentara la circunstancia o la oportunidad.
La ciudad era como una maquina del tiempo en período de prueba que se debía ajustar. Esos chispazos que llegaban al siglo XXI parece que asustaban a los pasajeros, quienes a su regreso, se aferraban al telégrafo.
No era linda. Sufría el atraso que sólo las guerras y los regímenes autoritarios pueden dejar de herencia a sus pueblos. Las calles eran de piedra o de tierra, demostrando la pobreza de pensamiento de quienes estaban a cargo de dirigir el destino de la gente que por nacimiento, por trabajo o ironías de la vida, se encontraban allí, asintiendo con el silencio de la conformidad. Cada cuadra era un desfile carnavalesco de aceras multicolores por la extensión del diseño de cada hogar, hasta más allá de sus límites. El cómodo andar se veía interrumpido por obra de constructores ecologistas que también ampliaban los linderos de las viviendas con el fin de proteger los árboles. No importaba si de este sólo quedaba el tronco; el camino era reducido a la mitad.
Hacía mucho calor o mucho frío en la ciudad. Pocas veces el clima daba tregua a los extremos y generalmente si llovía, se iba la luz. Prácticamente todo era a la antigua y sus pobladores se negaban a dar la bienvenida a la novedad, quizás por miedo a perder lo alcanzado, como seguramente ya les habría ocurrido.
- No se pueden tener gallinas en una zona residencial- decía quien nunca vio un corral en la ciudad cosmopolita donde crecieron sus hijos- Pero quien dice algo en este país sin ley, donde todo se puede?- continuaba en su lamento, remembrando sin pausa, tiempos de revolución, que nunca más volverán.
Pobres y ricos vivían en la misma calle. Había casas abusivamente grandes, casi al lado de otras más humildes, como aquella donde vivía por ejemplo, quien prestaba servicio de coquetería a bajo precio. Y es que para secarse el cabello o aplicar un tinte, no hace falta gastar de más.
Los muchos árboles que la adornaban, eran obligados a abrir su tronco en dos, para no interrumpir el paso del cableado eléctrico y aún así no dejaban de engalanar calles y casas, con hermosas flores de variados colores, cual musa inspiradora de cuentos y poemas, aunque no faltarían los que en verdad besaron al ser amado alguna vez, bajo la sombra de un Lapacho.
El tema oficial de reuniones sociales, era la vida ajena. Casi todos se conocían, si no personalmente, al menos por referencias. Muchas damas eran llamadas por apodos; China, Chicha y Chiquita, eran los más comunes y para diferenciarlas, no había ningún problema, pues se acostumbraba el uso de ambos apellidos. Padre y madre juntos, tenían suficientes historias que aportar al cotilleo como Dios manda.
La gran admirada era la ciudad vecina. Los comentarios coincidían en que allá, todo era maravilloso.
- La vida cultural, la arquitectura, la gastronomía, es otra cosa- decían los pocos, por no decir ninguno, de aquellos que no hacía el menor intento por imitarla. Era más fácil viajar 20 horas en autobús para disfrutarla.
Mientras en otros países el traje típico era un disfraz, en la ciudad era moda. Las camisas de particular bordado eran usadas igualmente por viejos, jóvenes y cajeras de supermercado. Lo mismo pasaba con la comida. Almidonados bocados compartían el éxito obtenido por el pan relleno con carne y ensalada de allende los mares.
Al encender la radio o al sentarse en algún café, la música que se escuchaba solía ser Radio Ga Ga de Queen, “Like a Virgin de Madonna, Karma Kameleon de Cultur Club... Parece que las listas del Hit Parade o Billboard, fueron enviadas sobre el lomo de una tortuga que tardó más de veinte años en llegar.
Carretas tiradas por caballos recorrían las calles en una especie de negocio ambulante. Su polifacético chofer, se dedicaba al transporte, al trueque, a la compra, a la venta y al robo, según se presentara la circunstancia o la oportunidad.
La ciudad era como una maquina del tiempo en período de prueba que se debía ajustar. Esos chispazos que llegaban al siglo XXI parece que asustaban a los pasajeros, quienes a su regreso, se aferraban al telégrafo.

5 Comments:
Excelente, IBE
Cuando leeremos más?
Currutá currutá, que bueno que está.
Feliz cumple… compinche, un abrazote
Danos tú un regalo volverte a leer
Saluditos de ala
PD/ Como el correo es lento, por aquí creo, esta es la vía más rápida
Esta bueno, esperamos seguir leyendote.
saludos
feliz cumpleaños.
me preocupa Venezuela.
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